Este año se cumplen muchos aniversarios en Santa Cruz de Mudela. Por un lado se celebran los 800 años desde la batalla de las Navas de Tolosa, tras la cual y siempre según el mito y la leyenda, tuvo origen la fundación de la localidad. Pero también se celebran los 150 años de la llegada del ferrocarril, un hecho importantísimo que ya hemos ido comentando en este mismo blog. Con motivo de tanta efeméride histórica y dada la circunstancia de ser yo investigador en la materia (lo que hoy en día no te da de comer pero alivia las penas) estoy colaborando con el CEIP Cervantes de la localidad. Isabel, la directora, se puso en contacto conmigo a través de un buen amigo, mejor persona y excelente conversador (Paco) y decidimos iniciar algunas actividades que reflejasen y diesen contenido a las efemérides. Resulta ocioso afirmar que yo únicamente he puesto mi presencia y mi voz: todo el trabajo y el mérito hay que dárselos al equipo de docentes del CEIP, que han llevado a cabo una serie de actividades muy vistosas para conmemorar las Navas y el ferrocarril. Desde castillos y vagones de tren por los pasillos a una exposición de fotografías, creo que lo realizado por los alumnos tiene un enorme valor, máxime si tenemos en cuenta los tiempos en los que vivimos, en los que se priman más otras actividades que procuran un placer instantáneo y se olvidan en los cajones los trabajos en pro de la cultura y la sensibilidad. Por descontado, en el asunto han tenido mucho que decir las familias, que se han volcado con las peticiones de la dirección del centro y que han colaborado gustosamente para que todo el proyecto marchara por la vía correcta. Cuando veo trabajar a estos profesionales, cuando veo su entusiasmo en todas y cada una de las fases educativas, es cuando más duro me golpea la miseria de los políticos que nos gobiernan. No voy a realizar otro alegato en pro de la educación pública (tal vez otro día), pero es en momentos como éste cuando uno se da cuenta de hacia dónde pretenden llevarnos los que, sin ningún conocimiento de educación, sin haber entrado nunca en un aula y sin conocer los entresijos de la enseñanza, se ponen la medalla de salvadores de la patria y aplican recortes desaforados que van a repercutir no solamente en los docentes, sino también en el alumnado. Espero equivocarme.
El viernes 1 de junio llevamos a cabo la última de estas actividades: una visita a la estación del ferrocarril. El día no acompañó del todo (hacía mucho calor), pero el grupo de chavales era bastante animoso y, sobre todo, alegre. Hicimos un pequeño alto para que los chicos contemplaran la fábrica de harinas aledaña a los terrenos de la estación y después estuvimos viendo las instalaciones de la misma acompañados de Vicente, trabajador del ferrocarril. Tuvimos incluso la suerte de contemplar tres trenes (un Media distancia y dos talgos) que hicieron las delicias de los chicos, además de las explicaciones técnicas de Vicente de los cambios, las balizas, etc. En resumen, un día magnífico que tuvo un buen colofón con las preguntas de los alumnos.
En estos tiempos que corren resulta grato certificar el compromiso que los maestros/as tienen con sus alumnos y con la educación en general. No solamente se enseña en las aulas: las salidas, excursiones y visitas sirven para que los chicos/as aprehendan un montón de cosas que, de otra manera, sería imposible acometer en clase. Y me congratula el que unos niños de segundo pasen tan buen momento con el ferrocarril, sobre todo ahora que es una pálida sombra de lo que un día fue. No sé quétendrán las ruidosas locomotoras que provocan tal fascinación. Bueno, sí lo sé pero no puedo decirlo...
Hasta la próxima.



